Entre más lo quieres, menos lo tienes
¡Hola! Aquí Dina 👋
¿Cuándo fue la última vez que revisaste el teléfono cada cinco minutos, esperando un mensaje que no llegaba?
O el correo. Otra vez. Y otra vez. Esperando esa respuesta de trabajo.
Yo lo he hecho. Todos lo hemos hecho.
Y lo curioso es esto: nada llega más rápido por estar ahí, pegada, revisando. De hecho, entre más lo revisas, más lejos se siente.
Eso no es tu imaginación.
Hace cien años, una escritora llamada Florence Scovel Shinn le puso nombre a esto — la ley de la indiferencia. Decía algo que se traduce más o menos así: "no dejes que el deseo de tu corazón se convierta en la enfermedad de tu corazón."
Cuando deseas algo con demasiada desesperación — cuando lo revisas, lo checas, lo necesitas — literalmente te alejas de eso. Su frase favorita resume todo: "si es mío, es mío. Y si no es mío, no lo quiero."
No es que dejes de desear. Es que dejas de aferrarte al resultado con los dientes apretados.
Hay una razón por la que esto duele tanto soltarlo. Una psicóloga rusa, Bluma Zeigarnik, documentó que la mente se queda dando vueltas mucho más tiempo alrededor de las tareas que quedaron sin terminar que alrededor de las que ya se completaron. Un deseo no resuelto es exactamente eso — una pestaña abierta que tu cerebro no puede dejar de revisar, consumiendo memoria de fondo todo el día.
Por eso asumir el final no es solo sentir que ya es tuyo. Es también soltarlo después — como quedarte dormida, confiando, sin seguir sosteniendo el pensamiento con esfuerzo.
Las dos partes son necesarias. Si solo haces la primera — si asumes, pero te quedas revisando obsesivamente si ya llegó — estás deshaciendo tu propio trabajo.
Esta semana, cada vez que te sorprendas revisando algo compulsivamente — el teléfono, la cuenta, el mensaje que no llega — pregúntate: ¿esto es acción, o es la pestaña abierta que no me deja soltar?
Con cariño,
Dina 💛
P.D. — ¿Qué llevas revisando obsesivamente esta semana? Contesta este correo, a veces solo nombrarlo ya empieza a soltarlo.
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